Mantener el batir de alas para seguir viviendo, mantener los brazos firmes, y las piernas en movimiento. Esa es la lucha de todos los dias.
Pedro Ledesma
El colibrí
En el vuelo del colibrí se esconde, intermitente, la magia de la vida.
Al detener sus alas se detiene la vida, como aquel obrero, que sí detiene el cuerpo, detiene el pan de su familia. Para eso se anestesia cada día.
Así, en besos presurosos, duerme la alegría de seguir viviendo. De seguir todavía.
Y unos brazos que rodean el cuello, y unas carias como vuelto. Devuelto a la rutina.
Es aletear para seguir con vida, y no pensar en las injusticias de los que tienen y no convidan. Hambrientos chacales royendo la carne de los huesos de los parias. Aquellos marginados que sólo son un número cada cuatro años. Manejados a bolsones y coca y chori. Y el néctar que succionan, cebado y ya lavado, de un mate oxidado, les engaña la panza y tapa los rugidos del hambre de sus hijos. Así, los días se vuelven agonías y las noches, oportunidad para el suicida. Pero mientras el tipo piensa en la mejor salida, pasa la noche con su eterno aleteo. Que no esta muerto quien mantiene la cabeza entretenida, y ya por la ventana se anuncia un nuevo día.
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